Jefe narcisista: señales y cómo protegerte en el trabajo

Psicopsiquis
  • Jefe narcisista presenta como suyo el trabajo de una empleada en una reunión

Jefe narcisista: señales y cómo protegerte en el trabajo

Lunes, nueve y cuarto. Presentas en la reunión el informe en el que llevas dos semanas dejándote los ojos, y tu jefe lo escucha con la misma cara con la que se mira la previsión del tiempo. «Bueno, ya lo puliremos.» El jueves, en la reunión con dirección, ese mismo informe aparece proyectado en la pantalla con su nombre en la portada, y a él le llueven las palmaditas en la espalda. Tú estás en la silla del fondo sin saber si reírte, llorar o tirarle el café por encima.

Si te suena, psicopkiller, es posible que tengas un jefe narcisista. O, para hablar con propiedad, un jefe con rasgos narcisistas muy marcados, porque el trastorno narcisista de la personalidad (TNP) solo lo puede diagnosticar un profesional de la salud mental después de evaluar a esa persona, y a tu jefe no lo ha sentado nadie en una consulta. La buena noticia es que para protegerte no te hace falta su diagnóstico. Te hace falta reconocer el patrón y saber qué hacer el próximo lunes a las nueve y cuarto.

Cómo saber si tienes un jefe narcisista

Un jefe narcisista se reconoce por un patrón que se repite, no por un mal día: se apropia de tus logros y te carga sus errores, cambia las órdenes y luego niega haberlas dado, enfrenta a unos compañeros con otros, pasa de tratarte como su favorito a ignorarte sin motivo y reacciona con furia o con castigo ante cualquier crítica.

Un jefe exigente, con mal carácter o que un día te pega un grito por un error gordo no es necesariamente un narcisista. Todos tenemos días de mierda. Lo que te tiene que hacer levantar la ceja es la repetición, ese «otra vez lo mismo» que notas en el estómago cada vez que ves su nombre en el móvil. Fíjate en estas señales.

Tus logros son suyos y sus errores son tuyos

Cuando algo sale bien, «hemos» hecho un gran trabajo, y en la foto sale él. Cuando algo sale mal, aparece tu nombre en el correo con copia a medio departamento. «Yo os dije que revisarais las cifras.» Tú sabes que las cifras te las pasó él, a las once de la noche, con un «urgente» en el asunto. Pero lo dice con tanta seguridad que hasta el becario te mira raro.

Lo que dijo ayer no lo dijo nunca

El martes te pide que priorices el proyecto A. El viernes te monta una escena delante de todos porque el proyecto B va con retraso. «¿Cómo que te dije que priorizaras el A? Yo jamás he dicho eso.» Esto es gaslighting en versión oficina: después de veinte historias así empiezas a dudar de tu memoria, a apuntarlo todo, a sentir que te estás volviendo loco. Si quieres reconocer las frases típicas, aquí tienes las frases de gaslighting y qué contestar.

Hoy eres su ojito derecho y mañana no existes

Una semana te invita a comer, te cuenta confidencias, te dice que eres lo mejor del equipo. La siguiente no te devuelve ni el saludo y te quita de la reunión importante sin explicación. Ese vaivén tiene nombre, refuerzo intermitente, y engancha muchísimo: te pasas el mes intentando recuperar al jefe simpático de la comida y trabajando el doble para volver a ser el elegido.

Te pone a competir con tus compañeros

«Pues Laura lo hizo en la mitad de tiempo.» «No se lo digas a nadie, pero Andrés me ha hablado de ti.» Comparaciones, rumores, información a medias. El equipo acaba dividido, cada uno mirando de reojo al de al lado, y nadie mira al que reparte las cartas. Si te viene con «no se lo digas a nadie, pero…», no preguntes más: «Si tiene algo que decirme, ya me lo dirá». A veces hay incluso compañeros que hacen de mensajeros y le llevan lo que dices en la máquina del café; si te pasa, te va a servir leer sobre los monos voladores del narcisista.

Una crítica, por suave que sea, y estalla

Le planteas con toda la educación del mundo que el plazo es imposible y te mira como si le hubieras insultado a la madre. O se viene abajo y de repente la víctima es él: «Con todo lo que hago por este equipo y así me lo pagáis.» Este segundo modelo, más silencioso y más quejica, es el del narcisista encubierto, y en una oficina hace el mismo daño o más.

Hombre apunta en un cuaderno lo que pasa con su jefe narcisista y confirma órdenes por correo

¿Por qué un jefe con rasgos narcisistas se comporta así?

Aquí hay que ir con cuidado, porque nadie puede meterse en la cabeza de tu jefe. Lo que sí se describe en la literatura clínica sobre el narcisismo es una autoimagen muy dependiente de la admiración ajena y muy sensible a la crítica. En personas con este patrón, un equipo puede funcionar como un espejo de feria: está ahí para devolverle una imagen más grande y más guapa de sí mismo. Mientras le reflejas bien, eres útil. Cuando le devuelves una imagen que no le gusta, un error suyo, una idea mejor que la suya o simplemente que la gente te aplauda a ti, el espejo molesta.

Eso explica, como hipótesis razonable, por qué tus éxitos le pueden sentar peor que tus fallos. Tu fallo le confirma que sin él no se hace nada. Tu éxito le hace sombra.

Qué hacer con un jefe narcisista sin perder el trabajo

Vamos a lo práctico, psicopkiller, porque «pasa de él» o «quiérete mucho» no te sirven de nada cuando mañana a las nueve tienes que entrar por esa puerta.

Todo por escrito, siempre

Cada orden que te dé de palabra, la confirmas por correo ese mismo día. Corto y neutro: «Hola, Javier: para que no se me escape nada, te confirmo lo que hemos hablado. Prioridad esta semana: proyecto A. El B queda para la semana que viene. Un saludo.» No hay reproche, no hay ironía, no hay nada que pueda usar contra ti. Pero la próxima vez que te diga «yo nunca he dicho eso», el correo está ahí.

Además, lleva tu propio registro personal: fecha, hora, qué pasó, qué se dijo y quién estaba delante. Sin sacar de la empresa documentos confidenciales, que eso te puede meter en un lío a ti. Solo hechos. Si un día las cosas se ponen feas, ese cuaderno vale oro, y mientras tanto te sirve para algo igual de importante: comprobar que no te lo estás inventando.

Ponte en modo piedra gris

Lo que más alimenta a un bicho de estos es la reacción: que te defiendas, que llores, que te justifiques durante diez minutos. Así que en las reuniones, respuestas cortas, tono plano, cara de póquer. «Entendido.» «Lo reviso y te digo.» «Lo tengo apuntado así, te paso el correo.» Es la técnica de la piedra gris, que en este blog llamamos también el muñeco de cera: ser lo más aburrido posible para que no encuentre de dónde tirar.

Nunca le discutas en público

Si le corriges delante del equipo, aunque tengas toda la razón del mundo, le has dado un motivo para ir a por ti durante meses. Si algo hay que aclarar, se aclara en privado y luego se confirma por escrito. No es cobardía, es elegir el campo de batalla.

Haz que tu trabajo lo vea más gente

Si eres el único testigo de lo que haces, él decide la historia. Pon en copia a quien tenga sentido, comparte avances en las reuniones de equipo, deja tu nombre en los documentos que preparas. Sin hacer la pelota a nadie y sin montar campañas: simplemente que tu trabajo tenga más de un par de ojos encima.

No le cuentes tu vida

Ese día que te pregunta con mucho interés por tu divorcio, por tu madre enferma o por lo mal que lo estás pasando, sonríe y cambia de tema. Lo que le das en la comida simpática puede volver en forma de «es que con todo lo que tiene en casa no está al cien por cien» delante de dirección.

Compañeros cuchicheando en el pasillo de la oficina mientras Rony Begood observa

Prepara tu salida aunque no te vayas

Actualiza el currículum, retoma contactos, mira qué hay ahí fuera. No te digo que mañana pidas la cuenta. Te digo que la persona que sabe que tiene un plan B se sienta distinto en la silla, contesta distinto y aguanta distinto. Es como tener un paraguas en el bolso: a lo mejor no llueve, pero ya no vas mirando al cielo cada cinco minutos.

Cuándo un jefe narcisista ya es acoso laboral

No todo jefe insoportable es un acosador, y no toda humillación es un delito. Pero hay una línea, y conviene saber dónde está. En España, desde 2010, el artículo 173.1 del Código Penal castiga a quien, en el ámbito de una relación laboral y aprovechándose de su superioridad, realiza contra otra persona de forma reiterada actos hostiles o humillantes que suponen un grave acoso. Reiterado y grave: un mal día no entra; meses de humillaciones, aislamiento y castigos, puede que sí.

Antes de llegar ahí hay otras puertas. Si en tu empresa hay delegados de prevención, comité de empresa o un protocolo contra el acoso, úsalos. Habla con tu sindicato o con un abogado laboralista, que te dirá qué opciones tienes en tu caso concreto, y ten presente que también se puede acudir a la Inspección de Trabajo. Para cualquiera de esos pasos, el registro del que hemos hablado y tus correos de confirmación son tu mejor herramienta.

Y una cosa más: si llevas semanas durmiendo fatal, con ansiedad los domingos por la tarde o con el estómago hecho un nudo cada vez que suena el móvil, ve a tu médico. Eso también es salud laboral. Si alguna vez te ves pensando en hacerte daño, en España tienes el 024, gratuito y disponible las 24 horas, y en una emergencia, el 112.

La trampa de querer que por fin te valore

Ahora déjame decirte algo que no te va a gustar. Muchas personas que tienen un jefe así se quedan años porque, en el fondo, siguen esperando el día en que él reconozca lo que valen. «Si saco este proyecto, verá de lo que soy capaz.» «Si me quedo hasta las nueve, se dará cuenta.» Y trabajan el doble, y se quedan más horas, y lo único que consiguen es que el listón suba otra vez.

Buscar la aprobación de un jefe narcisista es como intentar llenar un colador con una manguera. Puedes abrir el grifo a tope. No se va a llenar. El día que dejas de trabajar para conseguir su «bien hecho» y empiezas a trabajar para tu currículum, tu sueldo y tu tranquilidad, él pierde la mitad del poder que tenía sobre ti.

Joven sale de la oficina aliviado tras aprender a protegerse de un jefe narcisista

Preguntas frecuentes sobre el jefe narcisista

¿Un jefe narcisista puede cambiar?

Las personas con rasgos narcisistas marcados rara vez cambian si no lo deciden ellas y trabajan en terapia durante mucho tiempo, y desde luego no van a cambiar porque tú te esfuerces más. No organices tu estrategia esperando que cambie. Organízala con el jefe que tienes hoy.

¿Debo hablar con Recursos Humanos?

Puede ser útil, sobre todo si hay un protocolo de acoso, pero recuerda que Recursos Humanos trabaja para la empresa. Ve con hechos y fechas, no con etiquetas. «Mi jefe es un narcisista» no te ayuda. «El 3, el 10 y el 17 de este mes me desautorizó delante del equipo y tengo los correos» sí.

¿Cómo responder a un jefe narcisista que me humilla en público?

Sin entrar al trapo y sin contraatacar delante de todos. Una frase corta y tranquila («Lo hablamos luego, te paso por escrito cómo lo tengo») y después lo apuntas en tu registro. Tu calma delante de testigos juega a tu favor.

¿Es mejor dejar el trabajo?

Depende de tu situación económica, de tus opciones y de cuánto te esté afectando. Lo que no te recomiendo es irte de un portazo sin plan, ni quedarte indefinidamente esperando que mejore. Prepara la salida con calma y decide tú cuándo, no él.

Si estás atrapado en una situación así y necesitas que alguien te ayude a ordenar la cabeza, en Psicopsiquis tienes sesiones privadas conmigo. Y mientras tanto, psicopkiller: mañana, correo de confirmación. Pase lo que pase.

Rony Begood · Psicopsiquis

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