Llevas tres semanas sin contestarle. Le has bloqueado en WhatsApp, en Instagram y hasta en el correo del trabajo. Y el sábado, en el cumpleaños de tu prima, se te acerca una amiga en común con el vaso en la mano y te suelta: «Oye, que me ha dicho que está fatal, que no come, que solo quiere hablar contigo cinco minutos. Tampoco te cuesta nada, ¿no?».
Ahí lo tienes. El bichito no ha vuelto a escribirte, ha mandado a otra persona. A eso, en el mundo de la divulgación sobre narcisismo, se le llama monos voladores. Y si llevas un tiempo con contacto cero, es muy probable que te los encuentres antes o después.
¿Qué son los monos voladores del narcisista?
Los monos voladores son las personas que actúan en nombre de alguien manipulador para llegar hasta ti cuando él o ella ya no puede hacerlo directamente: te llevan mensajes, te presionan para que vuelvas, recogen información sobre tu vida o repiten su versión de la historia. Muchas veces no saben que les están usando.
El nombre sale de El mago de Oz. En la película de 1939, la Bruja Mala del Oeste no va personalmente a por Dorothy: manda a sus monos con alas a hacer el trabajo sucio. La imagen se ha quedado porque describe muy bien el mecanismo: la bruja se queda en el castillo y otros vuelan por ella.
Conviene tenerlo claro desde el principio: «monos voladores» es un término de divulgación, igual que hoovering o love bombing. No aparece en el DSM-5-TR (el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría) ni en la CIE-11 (la clasificación de la Organización Mundial de la Salud). Sirve para ponerle nombre a una conducta que mucha gente vive, no para diagnosticar a nadie. Y no hace falta que la persona tenga un trastorno narcisista de la personalidad diagnosticado para que use a terceros contra ti: basta con que tenga ese patrón de manipulación.
Quiénes suelen ser los monos voladores
Aquí viene lo jodido. Casi nunca son desconocidos. Son la gente que tienes cerca, porque es la que puede llegar a ti.
Puede ser su madre, que te llama «para ver qué tal estás» y a los dos minutos te está contando lo mal que lo está pasando su hijo. Puede ser tu propia madre, que se ha tragado entera la versión del personajito y te dice que «tampoco era para tanto». Un amigo común que te escribe con un «yo no me meto, pero…» y luego se mete hasta el fondo. Un compañero de trabajo que de repente se interesa muchísimo por con quién sales. O la nueva pareja del narcisista, que te manda un mensaje diciéndote que dejes de «acosarle», cuando tú llevas meses sin decirle ni hola.
Fijaos en una cosa: la mayoría de estas personas no son malas. Han escuchado una historia muy bien contada, con lágrimas incluidas, y han decidido ayudar. El narcisista suele ser muy bueno haciendo de víctima delante de los demás (de eso hablo en cómo no dejar que un narcisista se victimice ante ti). La gente se cree al que llora primero.
Otros sí saben lo que hacen. Disfrutan del drama, les gusta sentirse importantes o tienen su propia cuenta pendiente contigo. Esos son los que te preguntan cosas muy concretas y, casualmente, al día siguiente el bicho ya lo sabe.

Para qué usa el narcisista a los monos voladores
No se puede leer la mente de nadie, así que hablo de lo que suele verse en este patrón y de para qué le sirve la conducta, no de lo que «piensa» esa persona por dentro. En la práctica, los monos voladores suelen cumplir una o varias de estas funciones.
Saltarse tu contacto cero
Has cerrado todas las puertas. Él o ella no puede entrar, pero tu hermana sí. Es un hoovering con intermediario: el intento de volver a absorberte, pero sin dar la cara. Si funciona, gana. Si no funciona, no ha perdido nada, porque el que ha quedado mal es el mensajero.
Vigilarte sin que lo parezca
«¿Y qué tal estás? ¿Estás conociendo a alguien?». Parece interés. A veces lo es. Otras veces es una recogida de datos: si estás bien, si estás mal, si has vuelto a salir, dónde trabajas ahora. Esa información vuelve al origen y sirve para saber cuándo le conviene aparecer.
Contar su versión antes que tú
Esto se llama a veces campaña de desprestigio. Antes de que tú cuentes nada, el entorno ya ha escuchado que tú eras la inestable, la celosa, el que tenía problemas con la bebida, la que le hacía la vida imposible. Cuando por fin intentas explicarte, ya llegas tarde y parece que te estás defendiendo. Es un primo hermano del gaslighting: la diferencia es que aquí no te hacen dudar solo a ti, hacen dudar a los demás de ti.
Castigarte sin mancharse las manos
Mensajes de «deberías darle otra oportunidad», «has sido muy dura», «piensa en los niños», «está yendo al psicólogo, ha cambiado». Cada uno por separado parece una opinión. Juntos, y viniendo de cinco personas distintas en la misma semana, son presión. Y el que lo ha organizado queda como alguien que «ni siquiera te ha escrito».
Cómo reconocer a un mono volador
No todo el que te pregunta por tu ex es un mono volador. Tu amiga puede estar preocupada de verdad. Lo que te tiene que hacer sospechar es el patrón, no una pregunta suelta.
Fíjate en si la conversación siempre acaba en la misma persona, hables de lo que hables. En si te trae mensajes que nadie le ha pedido que traiga («me ha dicho que te diga…»). En si te pide que «le des una oportunidad» o que «habléis como adultos», cuando sabe que has cortado el contacto. En si defiende al otro con argumentos que suenan a copiados («es que tú también le provocabas»). Y sobre todo en si, después de hablar con esa persona, lo que le has contado aparece de alguna forma en boca del narcisista.
Hay una prueba sencilla. Cuéntale a esa persona un detalle neutro y sin importancia que no le hayas contado a nadie más. Nada que te pueda perjudicar: que estás pensando en apuntarte a cerámica, por ejemplo. Si a los pocos días te llega un comentario sobre la cerámica por otro lado, ya sabes por dónde se escapa el agua.
Qué hacer con los monos voladores
Aquí no vale «quiérete mucho». Vale lo que hagas.
No uses al mensajero para mandar respuesta. Ni un «dile que me deje en paz». Cualquier respuesta, incluso una borde, es una respuesta, y demuestra que el canal funciona. Si el canal funciona, lo van a volver a usar.
Ten una frase preparada y repítela como un disco rayado. Algo del estilo: «Te agradezco que te preocupes, pero de esa persona no hablo». Sin explicaciones largas, sin justificar tu decisión, sin entrar en quién tenía razón. Cuanto más te justificas, más material das para la siguiente conversación.
«Pero es que está muy mal, de verdad.»
«Te agradezco que te preocupes, pero de esa persona no hablo. ¿Cómo va lo de tu mudanza?»
Y cambias de tema. Si insiste, lo repites otra vez. Si sigue insistiendo, te despides.
Deja de dar información. Con las personas que sospeches que hacen de puente, tu vida pasa a ser muy aburrida. Nada de con quién sales, dónde trabajas, cómo estás de ánimo. «Bien, liado, lo normal.» Es muy difícil vigilar a alguien que no cuenta nada.
Distingue al manipulado del cómplice. Con la persona engañada de buena fe puedes tener, si quieres, una conversación tranquila: «Sé que te han contado una historia. No te voy a pedir que me creas a mí, solo que no me traigas mensajes». Con la que sabe perfectamente lo que hace, aplica lo mismo que con el bichito: distancia, silencio y, si hace falta, bloqueo. Sí, aunque sea de la familia. Si ese es tu caso, en la familia narcisista tienes mucho de esto.
Guarda pruebas. Capturas de mensajes con fecha, nombres y lo que te dijeron. No para ir a enseñárselas a nadie en un grupo de WhatsApp, sino por si un día las necesitas.

¿Y si los monos voladores se convierten en acoso?
Hay un punto en el que esto deja de ser «una amiga pesada» y pasa a otra cosa. En España, el artículo 172 ter del Código Penal castiga el acoso, y entre las conductas que recoge está intentar establecer contacto con la víctima «por medio de terceras personas» de forma insistente y reiterada cuando eso altera gravemente su vida cotidiana. Si tienes una orden de alejamiento o de prohibición de comunicación y el otro te hace llegar mensajes a través de terceros, cuéntaselo a tu abogado o a la policía.
Y si hay miedo, amenazas o cualquier riesgo para tu seguridad, no esperes: llama al 112 en una emergencia. Si eres mujer y es tu pareja o expareja, el 016 atiende las 24 horas, es gratuito y no deja rastro en la factura del teléfono.
Lo que más duele de los monos voladores
Que te lo haga el narcisista, más o menos, ya lo esperabas. Que te lo haga tu hermano, tu mejor amiga o tu madre es otra historia. Te sientes sola en medio de gente que te quiere. Y mucha gente vuelve con quien le hacía daño por eso, porque el entorno entero empuja en la misma dirección y parece que la única loca eres tú.
No lo eres. Es como intentar dejar de fumar y que medio grupo de amigos te ofrezca «solo uno, hombre, que por uno no pasa nada». El problema no es tu fuerza de voluntad; es que el tabaco sigue pasando de mano en mano a tu alrededor. Por eso el contacto cero no consiste solo en bloquear un número. A veces también significa poner distancia, durante un tiempo, con quien no deja de traerte el cigarro.
Con el tiempo, y esto se ve mucho, parte de esos monos voladores se da cuenta. Un día tu amiga te escribe: «Oye, que me ha hecho a mí lo mismo que te hizo a ti». No lo esperes ni lo necesites para seguir adelante, pero pasa.
Si estás en ese punto en el que todo el mundo te empuja a volver y te cuesta sostener tu decisión, en cómo superar una relación con un narcisista tienes por dónde empezar. Y si necesitas que lo veamos juntos, en psicopsiquis.com tienes las sesiones privadas.
Preguntas frecuentes sobre los monos voladores
¿Los monos voladores saben que les están utilizando?
Muchas veces no. Han escuchado una versión muy convincente y creen que están ayudando. Otros lo saben perfectamente y participan por lealtad, por interés o porque disfrutan del conflicto. Lo que les distingue es cómo reaccionan cuando les pones un límite claro.
¿Debo explicarles lo que me hizo el narcisista para que entiendan?
No tienes obligación. Si es alguien de confianza y crees que te va a escuchar, puedes hacerlo una vez, con calma. Si ya ha tomado partido, cada explicación se convierte en munición para la siguiente conversación. Mejor una frase corta y cambiar de tema.
¿Los monos voladores pueden ser mis propios hijos?
Puede pasar, y es de lo más doloroso. Si hay menores de por medio, no les conviertas en mensajeros tampoco tú: nada de «dile a tu padre» o «dile a tu madre». Protégelos del conflicto y, si la situación es seria, consúltalo con un profesional y con tu abogado.
¿Es lo mismo mono volador que triangulación?
Se parecen, pero no son lo mismo. En la triangulación se mete a un tercero en la relación para que compitas, te compares o te sientas inseguro. Con los monos voladores el tercero actúa como mensajero, espía o altavoz cuando el contacto directo ya no es posible.
Rony Begood · Psicopsiquis
Deja tu comentario
Debe iniciar sesión para escribir un comentario.